Y por fin llegó el gran monje budista Zen, directo desde China, a la ciudad. Lo trajeron en un auto muy elegante y una horda de fotógrafos y periodistas lo esperaba desde afuera.
Su auto arribó a su hotel como estaba planeado. Al salir de su auto, el monje dio un par de pasos y se quedó parado totalmente inmóvil con los ojos abiertos. Las fotos no pudieron esperar, una lluvia de destellos empezó a caer sobre el gran monje quien seguía inmóvil a dos pasos de su auto. Nadie quería interrumpirlo, nadie se atrevía a hablarle y, por supuesto, nadie tenía idea de lo que estaba pasando.
Después de un momento, hubo una gran calma, como si se hubiera tragado todo el ruido, las luces y el movimiento. La gente era la que estaba inmóvil con sus cámaras en las manos, desconcertados. El monje volteaba a todos lados sin decir una palabra, pero detuvo su mirada en los ojos de una persona y sonrió. Todos voltearon a ver al hombre que llamó la atención del monje, tenía en su mano su celular apuntando hacia él y estaba a punto de tomar una foto. Un sonido digitalizado de un pájaro salió del pequeño altavoz y finalmente el monje siguió su camino al hotel. Nadie en ese lugar se fue sin una foto del monje.
Su auto arribó a su hotel como estaba planeado. Al salir de su auto, el monje dio un par de pasos y se quedó parado totalmente inmóvil con los ojos abiertos. Las fotos no pudieron esperar, una lluvia de destellos empezó a caer sobre el gran monje quien seguía inmóvil a dos pasos de su auto. Nadie quería interrumpirlo, nadie se atrevía a hablarle y, por supuesto, nadie tenía idea de lo que estaba pasando.
Después de un momento, hubo una gran calma, como si se hubiera tragado todo el ruido, las luces y el movimiento. La gente era la que estaba inmóvil con sus cámaras en las manos, desconcertados. El monje volteaba a todos lados sin decir una palabra, pero detuvo su mirada en los ojos de una persona y sonrió. Todos voltearon a ver al hombre que llamó la atención del monje, tenía en su mano su celular apuntando hacia él y estaba a punto de tomar una foto. Un sonido digitalizado de un pájaro salió del pequeño altavoz y finalmente el monje siguió su camino al hotel. Nadie en ese lugar se fue sin una foto del monje.
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