jueves, 30 de septiembre de 2010

chiflando en la loma parte I

De cuando acá este blog se ha vuelto meramente político?
Es culpa de ese puki, se los dije, les dije que no reclutarán a esos simios con habilidades psíquicas pero nadie me hizo caso.
Ahora sufran las concecuencias.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

La sonrisa de La Barbie.


La sonrisa del presunto narcotraficante Édgar Valdez Villarreal, conocido como “La Barbie” ha llamado la atención de los periodistas y la sociedad en general que no puede comprender cómo es que alguien en una situación similar podría sonreír cuando la mayoría pensaría que su vida está acabada o que todo “ya valió” por lo que sentiría una profunda tristeza y depresión o, en todo caso, si piensa que es injusto, sentirá enojo y tal sería su expresión.

En la ciencia de la psicología ya no se utiliza el término psicópata para calificar a los asesinos seriales, violadores, ladrones y otros criminales violentos. Pero, en la mayoría de los casos, los criminales peligrosos padecen de un trastorno de la personalidad conocido como “Trastorno antisocial de la personalidad”. Este trastorno se caracteriza porque la persona que lo padece no respeta los derechos de los demás y constantemente tiende a cometer actos ilegales, prohibidos o injustos como mentir, hacer trampa, robar, asesinar, abusar sexualmente, hostigar, etc. con tal de lograr su cometido. Lo más significativo de este trastorno es que a la persona no parece importarle lo que haga siempre y cuando obtenga lo que desea y, como la mayoría de la gente no permite que abusen de ellos fácilmente, tienden a usar la violencia como método para lograr sus planes o de buscar gente indefensa.

Un sistema de creencias organizado provoca las conducta del trastorno antisocial. Creencias tales como “Si el otro no pudo defenderse, es su culpa”, “Es justo que obtenga lo que deseo pues soy más fuerte”, “La vida es como una jungla y sólo los más fuertes sobreviven”, “Lo peor que te puede pasar es ser sometido”, etc. Si una persona está convencida de este tipo de ideas suena coherente, por ejemplo, que luego digan “Quería violarla, así que lo hice y no quería que me denunciara a la policía, entonces la maté y destacé su cuerpo para regar los restos en el bosque” o “Le robé su bolsa porque quería el dinero”.

Sin conocer las creencias personales de “La barbie”, pues sólo los psíquicos pueden saber lo que las personas piensan sin preguntarles, y si realmente es culpable de cometer asesinatos, traficar droga, armas y proteger otros criminales, es muy probable que padezca de este trastorno.

Otro trastorno asociado a la conducta antisocial y delictiva es el trastorno narcisista de la personalidad, cuyas ideas asociadas son muy similares: “Yo tengo derechos sobre otras personas, los demás deberían rendirme tributo, todos son inferiores a mí, nadie es más fuerte que yo”, etc. Que, combinados con el trastorno antisocial, la conclusión que la persona saca de la vida es: “Yo soy más fuerte que las demás personas y los demás deberían hacer lo que yo diga o usaré mi fuerza para obligarlos”.

Todo esto se aprende cuando se crece en un contexto de abuso y violencia, donde la autoridad (Entiéndase: los padres o tutores, compañeros, maestros, la policía, la iglesia, la sociedad en general, etc.) usa su fuerza para someter a los otros y obligarlos a hacer lo que ellos quieran sin importarles sus derechos. También una persona normal podría llegar a desarrollar este trastorno en prisión, ya que las condiciones de abuso y una cultura predominante en el interior de los penales de “el más fuerte es el que domina en la vida” son similares.

Cada vez que la persona usa su fuerza para conseguir lo que desea, esta creencia se justifica y con los años, se acumula una enorme cantidad de experiencias de vida que refuerzan esas ideas. Con el tiempo, esta creencia se vuelva algo indudable, automático y da lugar a las conductas delictivas, pues las leyes existen precisamente para crear un ambiente de justicia e igualdad, lo cual no concuerda con las creencias antisociales de superioridad.

También cuando la autoridad atrapa a uno de estos antisociales y lo humilla públicamente refuerza su creencia de que “Aquellos que tengan más fuerza, hombres y armas son los que van a dominar a los que no los tienen” y su conclusión al respecto sería “Si tuviera más soldados, con mejores armas y mejor inteligencia yo voy a ser más fuerte y así no van a poder hacer lo que quieran conmigo, pues cuando hago lo que ellos dicen (aparecer en público sometido, interrogarlo agresivamente, etc.) me va mal.” Con lo cual, al someter a estos criminales con el uso de la violencia, la autoridad propicia la conducta delictiva y violenta en la sociedad. Es por esta razón que muchos criminales, de hecho, prefieren usar la violencia ante las autoridades y responder con balazos (como Arturo Beltrán Leyva) pues saben que si los agarran vivos los van a someter, humillar públicamente, ser abusados por la autoridad con agresivas interrogaciones y posibles torturas físicas, psicológicas, sexuales, pérdida de sus derechos humanos e integridad como persona, la pérdida todo su dinero, lujos y libertades; Al morir defendiéndose de la autoridad, su forma de entenderlo es “Sobre mi cadáver van a abusar de mí”. Esta agresividad se refuerza en todos los criminales violentos que tengan estas creencias cuando la autoridad publica fotos humillantes de los cadáveres y cuando la autoridad aparece después de cada uno de estos actos para congratularse de su muerte o arresto e insistir que el gobierno es el más fuerte y por eso van a seguir luchando sin importar las bajas, es decir: El gobierno les demuestra a los criminales que el más fuerte es el que gana y que debes usar la violencia para solucionar los problemas. Otro antecedente similar es cuando El Presidente Felipe Calderón Hinojosa califica de “bestias”, es decir, seres inhumanos, a los criminales porque no puede entender la conducta criminal y erróneamente piensa que son seres diferentes a las demás personas que no merecen tener derechos humanos y cuyo trato debe ser igual al que se le da a una bestia, cuando en realidad se trata de personas que han sufrido abusos y requieren un tratamiento psicológico, que es imposible de tratar cuando constantemente la sociedad califica de positivo y se alegra del trato inhumano a gente que comete delitos.

Tomando en cuenta esto, podemos hace inferencias respecto al por qué estaba sonriendo el señor Édgar Valdez Villarreal. Durante los fragmentos de entrevista que se han publicado, el dice haberle recomendado a Arturo Beltrán que se entregara a la autoridad. Dudosamente él pensaría “es mejor entregarse pues es lo justo por los crímenes que he cometido” o “Pues ni modos, se acabó la carrera delictiva y a pensar en la cárcel”, simplemente no concordaría con el sistema de creencias de los criminales de carrera. Sería más probable que piense “Si sigo vivo, puedo pensar un plan para escaparme, pues soy el más Chingón”. También podría estar imaginando ya cómo vengarse de quienes lo traicionaron o de quienes lo obligaron a humillarse, pues como “es superior” está dentro de sus posibilidades hacerlo. Otro pensamiento que pudo haber tenido sería “No tienen idea de lo mal que les va a ir por lo que me están haciendo”, “como ustedes son inferiores y yo superior, eventualmente yo voy a ganarles”, etc. Con este tipo de pensamientos cualquier persona se vería despreocupada y hasta podría tomar con humor su situación, no se vería como un callejón sin salida, sino como cuando uno se tropieza en la calle sin caerse, puede ser que uno haga un poco el ridículo, pero no pasa nada, eventualmente vas a seguir tu camino y la vida sigue. Una persona con este tipo de creencias, que propicia el uso de la fuerza para cumplir sus objetivos y el permitir que abusen de uno pues cuando abusan se sobrepasan, calificaría de positivo el vengarse de quienes le hicieron mal pues al hacerlo demostraría su valor su capacidad de ejercer violencia y, por lo tanto, su capacidad de hacer lo que desee (rodearse de lujos y placeres hedonistas o algún otra creencia personal).

Con todo este perfil, el pensar que uno va a salirse con la suya eventualmente no provoca preocupación, sino ironía, sarcasmo (“me agarraron, por ahora…”) y despreocupación (“eventualmente este problema lo voy a solucionar porque soy muy Chingón”).

Finalmente hay que recordar que esta persona conoce la vida en prisión y en la clandestinidad, por lo cual ir a prisión no es algo que le provoque el miedo suficiente para dejar sus actividades delictivas. En muchos casos los criminales que no salen libres, ya sea por falta de pruebas, porque pueden pagar los mejores abogados y sobornar o intimidar a las autoridades, continúan administrando sus organizaciones delictivas desde prisión y en las cárceles, debido a su poder económico y su capacidad de ejercer violencia, aún poseen lujos, cuartos privados, surtido de drogas, etc. o porque la prisión es igual que la calle, pero con una comida y un techo asegurados en el caso de los criminales que son pobres.